domingo, 19 de agosto de 2012

SANTA FE › EL TITULAR DEL PJ SANTAFESINO SE REUNIO CON MINISTROS DE CFK POR LA REFORMA TRIBUTARIA. El peronismo nacionaliza el debate


Los ministros Abal Medina y Herán Lorenzino escucharon los detalles que brindó Freyre.


El titular del Partido Justicialista José Luis Freyre se reunió con Lorenzino y Abal Medina para analizar la reforma tributaria que debate la Cámara de Diputados tras la media sanción de Senadores. Los números reales de la provincia.


Por Juan Carlos Tizziani
Desde Santa Fe
El presidente del PJ santafesino, José Luis Freyre, repasó esta semana con el jefe de Gabinete, Juan Manuel Abal Medina y el ministro de Economía de la Nación, Hernán Lorenzino, la reforma tributaria en la provincia que discute la Legislatura. "Fue un análisis político porque queremos darle al debate el condimento de una mirada nacional sobre los números de Santa Fe", dijo a Rosario/12 el presidente del bloque del Frente para la Victoria, Darío Mascioli.
"El ministro Lorenzino conoce muy bien cuál es la situación financiera de Santa Fe. Nosotros ya le habíamos llevado una copia de la reforma tributaria" que propuso el gobernador Antonio Bonfatti y tiene media sanción del Senado, explicó Mascioli. "Y ahora, que el tema pasó a Diputados queremos aportar la mirada nacional", agregó el legislador. Ya se sabe que la Cámara votó una preferencia para tratar el proyecto el 6 de setiembre con lo cuál el Ejecutivo tiene por lo menos un panorama más certero respecto de los tiempos legislativos.
"La reunión de Freyre con el jefe de Gabinete y el ministro de Economía nos permitió profundizar los conceptos sobre los tributos provinciales y nacionales y también sobre la coparticipación nacional y los recursos que la Nación transfiere a Santa Fe", señaló.
Los nueve bloques del PJ en Diputados tienen visiones contrapuestas sobre la reforma tributaria de Bonfatti, desde aquellos que plantean no votarla hasta los que insisten en la necesidad de garantizar más recursos a municipios y comunas.
Mascioli coincide que uno de los impuestos más atrasados es el inmobiliario rural. "Hay que aumentar el revalúo de los campos porque eso también incide en el 50 por ciento sobre municipios y comunas que necesitan fondos frescos porque son la célula madre", propuso.
"Queremos darle un tratamiento serio y responsable a la reforma tributaria", sostuvo Mascioli. Después del informe del ministro de Economía, Angel Sciara, ahora comenzará el trámite parlamentario en la comisión de Asuntos Comunales, que preside otra diputada del FpV, Erika Gonnet. Luego pasará a Presupuesto y Hacienda y por último a Asuntos Constitucionales. En un principio el peronismo había barajado la posibilidad de que el expediente sea analizado por otras dos comisiones más lo que hubiese hecho mucho más largo todavía el trámite.
"Vamos a sumar también otras visiones de lo que algunos impuestos significan para la provincia", dijo Mascioli. "El miércoles que viene a la mañana, voy a recibir a directivos de la Cámara de la Construcción y luego habrá reuniones con otros sectores empresarios y de la producción", agregó.
-¿Y qué va a pasar con la reforma en la Cámara?
-La vamos a someter a un análisis profundo, pero ya no como una urgencia sino como un instrumento donde plantearemos la necesidad de dar respuestas a municipios y comunas. La reforma tiene 326 millones para municipios y comunas. Así que vamos a direccionar esos recursos en aras de una equidad tributaria. Ya hay coincidencias en el revalúo del inmobiliario rural -contestó Mascioli.

PANORAMA POLITICO El gobierno aumenta sus posibilidades




Por Pablo Feldman
El gobernador Antonio Bonfatti se siente un poco más aliviado después de la presencia de Angel Sciara en la Legislatura donde dio explicaciones acerca del estado económico financiero de la provincia y defendió la necesidad de ajustar algunos números. En este caso ajustar es aumentar, para evitar que el déficit siga creciendo y sobre todo para hacer frente a las obligaciones corrientes y no detener la ya raleada obra pública. Al parecer los diputados peronistas -en todas sus formas y colores- no comprometieron la continuidad de Sciara, a quien antes del encuentro responsabilizaban -como ministro de Hermes Binner- del agujero en las cuentas provinciales. O al menos no se lo hicieron sentir, o tal vez la solvencia teórica del ministro pudo más que la diatriba opositora. En cualquier caso, Sciara salió fortalecido -ya se hablaba de su relevo, no inmediato pero relevo al fin- y al parecer no sólo no ocurrirá sino que los diputados serían más "generosos" que los senadores que aprobaron algo más de 700 millones retocando impuestos, cifra que podría mejorarse en 100 o 200 millones más. La justicia del revalúo es abrumadora. No resiste el menor atisbo de cuestionamiento en cuanto a la miserable tributación del Inmobiliario Rural. Eso se va a aumentar, pero no el urbano y es ahí donde el peronismo va a sacar chapa de justiciero. Actitud demagógica o no, será mayoritaria y el gobierno deberá poco menos que agradecer este retoque que le permitirá respirar aliviado, pagar los sueldos y prepararse para el año que viene que pinta más difícil que este que corre.
Después sobrevendrá la discusión por el crédito de 500 millones de dólares para la obra pública, y una vez más las negociaciones serán con el peronismo que seguramente deberá encontrar un punto de equilibrio interno entre sus dirigentes porque las obras a desarrollar suponen un reparto de presupuesto entre los 19 departamentos de la provincia. Las obras que hay que hacer son las que hay que hacer, parece una perogrullada pero es así. Acueductos, rutas, accesos, cloacas, nada extraordinario, todo necesario. Es por eso que la discusión razonablemente se planteará en torno a las prioridades, cual primera y cuales le siguen. Ahí, más que el color político va a jugar el número de santafesinos eventualmente beneficiarios de la obra, el tiempo que llevan de espera, y la habilidad del senador del departamento para colocarse primero en la fila. Las obras de infraestructura de la provincia son ya conocidas, a la cabeza de la inversión la Empresa Provincial de la Energía, donde la gestión Bonfatti lleva invertidos más de 350 millones de pesos desde que asumió el cargo. Más allá de que esta cifra se multiplique será inevitable que colapse el sistema en una racha de temperaturas que superen los 33 grados y la amplitud térmica sea la del año pasado, es decir sin tiempo a que nada se "enfríe". Esto lo evalúen no sólo en el gobierno sino en la Legislatura y los diputados de las grandes ciudades tiene una visión diferente inclusive a la de los senadores porque la problemática es diferente. El tema de la EPE es casi exclusivo de Rosario y el área metropolitana, y un poco de Santa Fe, por eso a la hora de negociar leyes, impuestos, reformas y otros mecanismos de recaudación es tan complejo sumar apoyos. Los senadores, por ejemplo, tienen una visión completamente contradictoria con los que llegan de Rosario, no importa el partido al que representen. Ese es el contexto en que se desarrolla la administración, para más problemas con una raquítica representación en ambas Cámaras y con dificultades dentro del Frente Amplio Progresista que más de una vez hará pensar al propio gobernador, "con amigos así, para qué necesitamos enemigos". Pero es lo que hay, y con eso hay que gobernar.

OPINION Lo binario y lo plural


 Por Edgardo Mocca
La queja por el carácter “binario” asumido por la política argentina ha crecido entre nosotros en los últimos tiempos. Curiosamente, abarca por igual a muchos de quienes apoyan y de quienes se oponen al Gobierno, aun cuando decirlo así parece una concesión a lo binario.
No habría, según los reclamantes, lugar para los matices, para las zonas grises. Si se apoya una medida del Gobierno, se estaría, según algunos, alimentando al monstruo autoritario y entrando en las diabólicas trampas demagógicas del Gobierno. De manera simétrica, hay quienes sostienen que la crítica a cualquiera de las medidas de gobierno alimenta a los más recalcitrantes desestabilizadores. La queja por este estado de cosas es muy seductora: se estaría reemplazando el pluralismo democrático por una visión sectaria e hiperideologizada de la política, se estaría sometiendo la naturaleza compleja y contradictoria de la realidad a una mirada miope, estructurada en torno de un esquema simplista y dicotómico. Rápidamente el objetor atrae la simpatía de quienes se sienten fatigados de tanto choque de espadas antagónicas y buscan un remanso de paz y previsibilidad cotidianas.
La política no es, efectivamente, un juego en blanco y negro. La sociedad contemporánea tiene una enorme complejidad, que no puede ser atrapada si se la reduce a un principio explicativo único y excluyente. La política tiene que vérselas con masas de millones de personas, la gran mayoría de las cuales forma su juicio de modo pragmático y no se encolumna apasionadamente detrás de una épica unificadora y excluyente. ¿Cómo es, entonces, que se ha abierto paso este nivel de polarización política de escasos antecedentes en las últimas décadas?, ¿es realmente esta situación una amenaza para el pluralismo democrático? Veamos.
El primer problema que conviene despejar es el espinoso asunto de las ideologías. Como se sabe, las ideologías murieron, según el mainstream intelectual (no solamente de la derecha) hace un par de décadas. Con la crisis del marxismo, la disolución del “socialismo real” en el este de Europa y la hegemonía incontestada del individualismo neoliberal, se abrió paso una política que, en los términos del principal intelectual de la “tercera vía” Anthony Giddens, debía colocarse “más allá de la izquierda y la derecha”. El pluralismo democrático quedaba así indisolublemente asociado a la desaparición del “conflicto central” y a la expansión libre de múltiples relatos que constituirían un espacio público indeterminado y abierto a la libertad. El correlato de esa cosmovisión en la teoría política fue el auge del institucionalismo: muertas las ideologías que encendían pasiones colectivas y “sobrecargaban” al edificio democrático, había que consagrarse a la gris tarea ingenieril de construir dispositivos institucionales que encauzaran y racionalizaran el caótico mundo de los proyectos de vida individuales. De lo demás se encargaba el mercado y la tecnoburocracia formada para interpretar sus señales.
Este es (fue) el mundo de la “pospolítica”. Una política sin antagonismos. Corrida “al centro”. Centrada en los rendimientos del sistema para los individuos, por sobre confusas y estériles construcciones ideológicas totalizadoras. Era el fin de los “relatos”. Y terminó por ser el más ambicioso relato imaginable: el que reina sobre los cadáveres de todos los demás. El enemigo político proclamado era el conflicto. No cualquier conflicto sino aquellos con pretensiones orgánicas, capaces de aglutinar colectivos humanos más allá de las demandas inmediatas y proyectarlos hacia visiones alternativas de sociedad. En la politología, el proyecto tomó la forma del elogio de sistemas de partidos políticos no confrontativos, “pluralistas moderados”, como los calificó Giovanni Sartori. Para entendernos: pluralista y moderado era, por ejemplo, el sistema de partidos de Bolivia, en el que derecha, centro e izquierda cooperaban entre sí y se alternaban amablemente en el gobierno mientras se incubaban los incendios sociales, la guerra del gas, la guerra del agua... ¿Tiene algo de extraño que la crisis y el derrumbe de ese proyecto de “paz eterna” en buena parte de los países de la región haya dado paso a la emergencia de escenas confrontativas y polarizadas? Hasta cierto punto y desde esa perspectiva hay que agradecer la polarización y el desarrollo de pujas binarias: mucho peor hubiera sido que las crisis hubieran desembocado en procesos de anomia generalizada, caldo de cultivo para el desarrollo de la violencia y la creación de condiciones para el cierre autoritario de nuestras democracias.
Esta valoración no significa que convenga auspiciar el regreso a los tiempos de la Guerra Fría y el conflicto ideológico global. Para tranquilidad de los antibinarios, la historia nunca se repite, por lo menos en los mismos términos. Más que del renacimiento de los viejos dispositivos ideológicos, hoy tendríamos que hablar de un cruce entre viejas identidades populares y nuevos problemas de época. La referencia al “socialismo del siglo XXI” o el resurgimiento de un peronismo vuelto a sus raíces originales no debería ser interpretado como regresivas nostalgias del pasado, sino como formas de recurrir a la historia de las luchas populares –o a una versión algo idealizada de esa historia– como herramienta de interpretación y de acción frente a lo que visiblemente constituye un cambio de época nacional, regional y mundial. Al fin y al cabo, el hecho de que en épocas de transformaciones los nuevos actores se vistan con los ropajes ilustres del pasado remite una y otra vez a una muy transitada frase escrita por Marx a mediados del siglo XIX.
Sin necesidad de recurrir a filosofías totales y absolutas de la historia, puede aceptarse que las demandas parciales y puntuales se articulen en discursos generales con pretensiones políticas hegemónicas. Y que, además, construyan un “otro” político de naturaleza antagónica. Nada tiene eso de contradictorio con el pluralismo constitutivo de nuestras sociedades. Si esa contradicción existiera, habría que concluir que la Argentina dejó de ser un país plural o está amenazada de dejar de serlo: ni siquiera los que afirman ese diagnóstico o ese peligro, lo creen realmente. El hecho de que seamos millones de mujeres y hombres diferentes unos a los otros, portadores de proyectos de vida y de demandas individuales y colectivas ampliamente heterogéneas no invalida la posibilidad de que se establezcan grandes líneas diferenciadoras, fronteras políticas relativamente sólidas, clivajes que agrupan a unos y otros en torno de alternativas percibidas como decisivas para el presente y el futuro.
La idea de agrupar en una misma constelación a todos los que rechazan las certezas del neoliberalismo y auspician un proyecto de desarrollo soberano e inclusivo, en contra de las fuerzas sociales tradicionalmente asociadas al privilegio no comporta de por sí una negación del pluralismo. El hecho de que en ese preciso punto de frontera el mapa político se corte drásticamente en dos no constituye una trampa del lenguaje, sino que es un efecto de la lucha política y un recurso de esa misma lucha. El gran aprendizaje debería consistir en que los actores políticos que pretenden situarse de uno u otro lado de una gran línea divisoria (de la que acaba de mencionarse nada inocentemente o de cualquier otra) no pierdan de vista la existencia de una comunidad política constitucionalmente establecida que nos incluye a todos. La idea de la destrucción del enemigo debe ser reemplazada por la institución política de una nueva hegemonía político-cultural, capaz de asegurar por igual las transformaciones y la convivencia democrática.
Esta moderada defensa de lo binario pretende no mezclarse con el abuso del consignismo y del estereotipo que atraviesan –acaso inevitablemente– momentos como el que vive nuestra política nacional. Pretende no tener nada que ver con la complacencia con una situación en la que parece legítimo rechazar la posibilidad de un debate franco, abierto y plural, en nombre de la pureza de los principios o la lealtad a una causa. Perfectamente se puede estar convencido de la justeza de un proyecto y de la legitimidad de una lucha y mantenerse constantemente abierto a los matices, a las contradicciones, a las zonas grises. Seguramente no es fácil pero parece el camino que vale la pena.

EL PAIS Crímenes de ayer y de hoy


Por Horacio Verbitsky
Un sector de la población sólo se entusiasma con el fútbol y las telenovelas. Pero aun quienes se interesan por la política se preguntan por qué deberían conmoverlos los crímenes del pasado cuando en el presente la policía practica el exterminio de jóvenes negros, pobres y favelados en la periferia de las grandes ciudades, donde en pocos meses se cobra el mismo número de vidas que la dictadura segó en veinte años. Según datos oficiales, la tasa de homicidios entre jóvenes negros de entre 15 y 24 años sigue en ascenso y ya supera en doce veces a la de jóvenes blancos. Amnesty International, Human Rights Watch y el Consejo de Derechos Humanos de Naciones Unidas señalaron en sus más recientes informes la enorme cantidad de ejecuciones extrajudiciales en Brasil. Incluso se formó una organización denominada Madres de Mayo, por el mes de 2006 en que una serie de enfrentamientos entre fuerzas estatales y grupos de traficantes de estupefacientes dejaron 500 muertos en la baixada paulista. Una investigación del Consejo Estatal de Defensa de los Derechos de la Persona Humana, de San Pablo, estableció que los cuerpos de un centenar de esas personas mostraban numerosos disparos a corta distancia en órganos vitales y según direcciones que ubican a la víctima arrodillada o acostada en el momento de recibir los impactos. Estos son suficientes “indicios de ejecución con participación policial”. El día en que llegué a Río de Janeiro, las Madres de Mayo denunciaron una nueva ola de violencia policial en San Pablo, que en los últimos dos meses se cobró la vida de “cerca de 300 personas, sobre todo jóvenes pobres y negros moradores de la periferia, haciéndonos revivir los Crímenes de Mayo de 2006”. Lejos de ver contradicción entre ambas demandas de esclarecimiento y justicia, el ex ministro de Derechos Humanos de Lula, Paulo Vannuchi, sostiene que “Brasil no tendrá autoridad moral para afrontar las violaciones de derechos humanos perpetradas hoy por sus fuerzas policiales hasta que no juzgue a aquellos que torturaron, mataron y borraron el rastro de decenas de miles de personas durante los años de la dictadura”. Vanu-cchi coincide con la politóloga argentina residente en México Pilar Calveiro (esposa de Horacio Campiglia, un alto jefe montonero detenido en Brasil y desaparecido desde entonces y ella misma detenida-desaparecida en la ESMA durante la dictadura militar). En su libro Violencias de Estado. La guerra antiterrorista y la guerra contra el crimen como medios de control global, Calveiro sostiene que los procesos de las décadas anteriores, “atravesados por una lógica bipolar, guerrera y confrontativa”, no pueden ser analizados “con los actuales lentes democráticos, plurales, abiertos”, a riesgo de una “extraordinaria distorsión de sentido”. A su juicio la violencia estatal es el núcleo de la nueva hegemonía en la globalización. Esto determina que el análisis de los procesos actuales “sin hacer una deconstrucción crítica del discurso y las prácticas democráticas de las sociedades presentes impide entenderlas como sistemas de dominación y nos deja atrapados en su propio discurso, estructurado sobre la base de principios acordes a la actual reorganización hegemónica” que “no parece ser más abierta, más comunicativa ni más plural” que la hegemonía vigente en los años de las dictaduras.

EL PAIS › EL LARGO CAMINO DE BRASIL HACIA LA VERDAD Y LA JUSTICIA Vidas paralelas


El gigante Paulo Abrao, presidente de la Comisión de Amnistía y secretario de Justicia.


Horacio Verbitsky participó junto con expertos de doce países de Africa, América, Asia y Europa en la Conferencia Internacional sobre “Memoria, una perspectiva internacional y comparada”, que se realizó entre el martes y el viernes en la Universidad Católica de Río de Janeiro. Lo que sigue es su informe sobre el lento pero intenso proceso de lucha por Memoria, Verdad y Justicia en el Brasil y su cotejo con lo sucedido en la Argentina.


Por Horacio Verbitsky
Desde Río de Janeiro
En 1980, la Argentina tenía 28 millones de habitantes. La dictadura desapareció o asesinó en siete años a no menos de 15.000 personas, que podrían llegar al doble. El mismo año, Brasil tenía 119 millones de habitantes, entre quienes la Comisión de Muertos y Desaparecidos Políticos estimó que la dictadura provocó en dos décadas 376 víctimas fatales, 136 de ellas de- saparecidas. El impacto proporcional fue así entre 170 y 340 veces menor, y diluido en un lapso casi tres veces más extenso. Además, el grueso de las desapariciones se produjeron en Araguaia, plena selva amazónica, entre estudiantes de clase media llegados desde San Pablo y otros lugares del país para instalar un foco guerrillero rural, lo cual redujo aún más el efecto social de sus asesinatos. Los militares brasileños pusieron a su economía en una senda hacia el desarrollo y una muy gradual inclusión social mientras sus camaradas argentinos destruyeron la avanzada industria preexistente, desgarraron el homogéneo tejido social y terminaron derrotados en una guerra con Gran Bretaña y los Estados Unidos. Utilicé este cotejo rudimentario como prólogo a mi exposición, para explicar el diferente recorrido postdictatorial de cada país y el enorme arraigo del movimiento en defensa de los derechos humanos en nuestra sociedad. Ese fue el motor indispensable para salir del pantano del terror y la clandestinidad hacia la situación actual: ya han sido condenados 272 culpables por crímenes de lesa humanidad y fueron absueltos 20, en clara demostración de que rigen en plenitud las garantías del debido proceso, por las que nadie será castigado sin pruebas irrefutables en su contra.

Los usos de la amnistía

Creo que estuve a punto de obtener el efecto contrario, cuando pocos pero tenaces asistentes entendieron que minimizaba la gravedad de las violaciones a los derechos humanos cometidas aquí, como si se tratara del campeonato sudamericano de mayor sufrimiento. Me explicaron entonces que además había 308.000 víctimas de la tortura y miles de campesinos e indígenas masacrados, cifras de las que no puedo dar fe pero que sirvieron para establecer que la proporción de las personas concernidas por esta problemática no será la misma que en la Argentina, pero su fervor es equivalente. La lógica de mi paralelo comenzó a verse mejor cuando la psicoanalista y actriz Cecilia Boal (viuda del creador del Teatro del Oprimido, Augusto Boal) llamó la atención sobre la escasa cantidad de estudiantes que asistían en el anfiteatro de la multitudinaria Universidad Católica a la conferencia organizada por la Comisión de Amnistía del Ministerio de Justicia, la organización argentina Memoria Abierta y la Coalición Internacional de Sitios de Conciencia. Fue quedando claro que antes y después de las leyes y de las decisiones políticas, la clave reside en la extensión y la profundidad del reclamo y en la movilización social que lo respalda. Esa es la única verdad universal que se desprende de la experiencia argentina. Lo que parece imposible un día puede tornarse realidad en el futuro, siempre que la demanda social sea intensa y prolongada. En ese caso, las tácticas de cada etapa tienen importancia menor. Un ejemplo de ello fue la apertura de los juicios por la verdad, que Emilio Mignone solicitó en 1996 luego de la confesión del marino Adolfo Scilingo. El presidente fundador del CELS no se amilanó por la acusación de que renunciaba a la justicia para limitarse a reclamar la verdad, porque tenía plena conciencia de estar abriendo un camino cuando todos parecían ocluidos por las leyes y los decretos de impunidad. Mignone comprendió lo que el dictador Videla decía en privado en 1978 como parte de su diálogo promiscuo con la Conferencia Episcopal católica: de reconocer el asesinato de los desaparecidos deberían explicar “dónde están sepultados: ¿en una fosa común? En ese caso, ¿quién los puso en esa fosa? Una serie de preguntas que la autoridad del gobierno no puede responder sinceramente por las consecuencias sobre personas”, es decir para proteger a los secuestradores y asesinos. Otra intervención significativa fue la de un profesor que inquirió por qué era tan bajo el número de procesados en la Argentina, lo cual se explica por el método clandestino de represión, que incluyó la impunidad de los perpetradores por medio de su anonimato, y por la renuencia de la mayoría de los organismos defensores de los derechos humanos a exigir la responsabilidad objetiva por la mera ubicación de alguien en un organigrama.

Caravanas

El cierre de la conferencia, la mañana del viernes, coincidió con la 61ª Caravana de Amnistía, la forma itinerante de movilización en torno de los crímenes de la dictadura. La Comisión, presidida desde 2007 por el Secretario Federal de Justicia, Paulo Abrao, de 36 años, ha recorrido el país escuchando testimonios de las víctimas, en ceremonias catárticas que, como esto es Brasil, a veces incluyen canto y baile. Estos denominados juicios culminan con un diploma de amnistía y el pago de reparaciones económicas. Abrao trata de leer sentado las conclusiones de cada sesión, porque de pie sólo la cabeza de los muy altos llega a la altura de sus hombros. En esta sesión se juzgaron seis casos muy distintos que ilustran el amplio alcance de las caravanas: un profesor despedido en 1954 luego de anunciar un acto político; dos militantes presas, torturadas y condenadas a prisión; tres guerrilleros asesinados y uno detenido-desaparecido en el carnaval de 1974. Durante la sesión también se rindió homenaje a dos grandes figuras nacionales: Augusto Boal, que utilizó el arte como medio de organización política y social, y Luiz Carlos Prestes, ex capitán del Ejército y durante medio siglo líder del Partido Comunista, quien en la década de 1920 caminó 25.000 kilómetros al frente de una columna de 1500 rebeldes. A los argentinos, pero no sólo a los argentinos les confunde el uso de la palabra amnistía para estos ritos. Al músico gaúcho Raúl Ellwanger, quien durante el exilio estudió sociología en Chile y Buenos Aires y se convirtió en hincha incondicional del Globito de Parque Patricios, le suena a versión brasileña de la doctrina de los dos demonios. Abrao explica que se trata de una resignificación de la ley de amnistía de 1979, que permitió el regreso a Brasil de miles de exiliados pero al mismo tiempo eximió de persecución penal a militares y policías criminales. Según Abrao lo que faltó hasta 2007 fue el reconocimiento a la dignidad de las víctimas y el pedido de perdón por parte del Estado, que es lo que procura el diploma de amnistiado que la Comisión entrega al concluir cada proceso individual, cuya duración se redujo de 120 a 45 días. El concepto de amnistía, dice, “dejó de enfocarse en el olvido para alinearse con los principios de reparación, verdad, memoria y justicia”. También se pusieron en práctica políticas de preservación de la memoria histórica y de educación para la democracia y los derechos humanos, lo que incluye el proyecto Marcas de la Memoria y el Memorial de la Amnistía Política, un centro de investigaciones y documentación, que se está construyendo en Belo Horizonte. “Había museos de la policía y de las Fuerzas Armadas, pero no de la memoria”, explica Abrao. El Memorial incluirá lo que el presidente de la Comisión denomina “Espacios” para exaltar el derecho a resistir, las utopías, la revolución y las libertades democráticas, y repudiar el estado de excepción, la represión y los crímenes de lesa humanidad, todo “desde la visión de las víctimas”.

Eu me lembro

Otra resignificación de la amnistía propician quienes reclaman la apertura de procesos judiciales contra los autores de los crímenes dictatoriales. Los deudos de 22 víctimas de la represión en Araguaia iniciaron su peregrinaje judicial en cuanto concluyó la dictadura. Sólo pedían conocer el paradero de sus familiares, el hallazgo y devolución de sus cuerpos y la emisión de los respectivos certificados de defunción. Pero la Justicia consideró que la ley de amnistía tornaba innecesario un pronunciamiento que, además, declaró de satisfacción imposible por razones materiales. Recién en los últimos años la Comisión de Amnistía recogió el testimonio de los campesinos que fueron torturados sólo por haber estado en contacto con los guerrilleros, y que con un par de excepciones son los únicos sobrevivientes. Uno de ellos narró que los militares decapitaban los cadáveres. Su testimonio forma parte de Eu me lembro (o “Yo me acuerdo”, en remembranza tácita del Je me souviens, de Georges Perec), una película documental dirigida por Luis Fernando Lobo, exhibida en la Conferencia como parte del simultáneo Festival de Cine por la Verdad. Luego de innumerables idas y venidas por los distintos tribunales brasileños, los familiares recurrieron a la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en 1995, pocos meses después de la confesión de Scilingo en la Argentina. El 6 de marzo de 2001, el mismo día en que la Justicia argentina declaró nulas las leyes de impunidad en la causa Simón, la Comisión Interamericana consideró admisible la presentación por Araguaia. Ocho años después elevó el caso a la Corte Interamericana, alegando que el Estado tenía “responsabilidad en la detención arbitraria, tortura y de- saparición forzada de 70 personas”, que constituían “crímenes de lesa humanidad, inamnistiables e imprescriptibles”. El presidente Lula promulgó entonces un decreto elaborado por sus ministro Dilma Rousseff y Paulo Vanucchi, que creaba una Comisión Nacional de la Verdad para investigar las violaciones de los derechos humanos y localizar los restos de los detenidos-desaparecidos en Araguaia. El ministro de Defensa Nelson Jobim y los jefes de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas amenazaron con sus renuncias y Lula aceptó ablandar el proyecto. La secuencia continuó en abril de 2010 (la fecha prevista para que comenzara a actuar la Comisión de la Verdad), cuando el Supremo Tribunal Federal Brasileño ratificó por 7 a 2 la vigencia de la ley de amnistía, en un claro mensaje a Dilma, la candidata de Lula a la sucesión presidencial. En noviembre de 2010, la Corte Interamericana falló en los mismos términos de la Comisión y declaró por unanimidad que la ley de amnistía es incompatible con la Convención Americana, carece de efectos jurídicos y no puede obstaculizar la investigación, ni la identificación y el castigo de los responsables. El Estado, responsable por la de- saparición forzada que viola los derechos a la vida, a la integridad personal y a la libertad, también ha faltado a las garantías judiciales al no investigar los hechos; a la libertad de pensamiento y de expresión al afectar el derecho a buscar y a recibir información, e incumplido la obligación de adecuar su derecho interno a la Convención Americana sobre Derechos Humanos. En consecuencia dispuso que el Estado iniciara ante la justicia ordinaria la investigación penal para esclarecer los hechos, castigar a los responsables, determinar el paradero de las víctimas desaparecidas, identificar sus restos mortales y entregarlos a sus familiares.

Otro caso argentino

El Supremo Tribunal de Justicia no volvió a pronunciarse, pero dos de sus integrantes declararon en marzo de este año que no revisarían su propia sentencia. Sin embargo, en mayo de 2011 el mismo tribunal había concedido la extradición del ex mayor del Ejército argentino Norberto Raúl Trozzo, para que fuera juzgado por su participación en la masacre de Margarita Belén. Los jueces supremos de Brasil entendieron que los secuestros de las cuatro víctimas cuyos cuerpos no fueron hallados constituyen delitos continuados y permanentes, por lo que enviaron a Trozzo a la Argentina. Esto incentivó el reclamo de los familiares de las víctimas brasileñas, que invocan el principio de congruencia. Lo que vale para los argentinos, también se aplica a los brasileños, argumentan. Algo similar ocurrió en la Argentina, cuya Corte Suprema concedió la extradición de los asesinos nazis Franz Schwammberger y Erich Priebke y declaró imprescriptibles e inamnistiables los crímenes de lesa humanidad que cometieron, mientras regían las leyes de impunidad para sus homólogos argentinos. Pasado a retiro por la propia dictadura argentina en 1981, Trozzo apeló aquella decisión del ex dictador Leopoldo Galtieri y se atribuyó haber creado un Comando Azul y Blanco represivo como parte de “una cruzada”, que “me llevó a operar en otras regiones” como oficial de Inteligencia. En cumplimiento de su parte de la sentencia interamericana, el gobierno de Dilma Rousseff apuró la sanción de una Ley de Acceso a la Información. Así prohibió mantener en secreto cualquier información sobre violaciones de derechos humanos, volvió a reducir el plazo de reserva de documentos que Fernando Henrique Cardoso había llevado de 30 a 50 años bajo presión castrense, y dio libre acceso a todos los materiales reunidos en el Archivo Nacional. Al mismo tiempo creó una Comisión de la Verdad, que investigará todos los crímenes de la dictadura, aunque le atribuyó un alcance temporal excesivo para la duración de su mandato: en dos años deberá concluir la revisión de lo sucedido entre 1946 y 1988. Al poner en funciones a sus siete miembros independientes (entre ellos el sociólogo Paulo Sergio Pinheiro, ex integrante de la Comisión Interamericana e investigador de la violencia policial), Rousseff se hizo acompañar por los cuatro ex presidentes que la precedieron: José Sarney, Fernando Collor de Mello, Fernando Henrique Cardoso y Lula, como señal inequívoca de que estaba realizando una política de Estado. Dilma recordó que Collor hizo públicos miles de documentos militares, Fernando Henrique reconoció la responsabilidad del Estado en las violaciones a los derechos humanos durante la dictadura y Lula creó la Comisión de la Verdad. Estuvo al borde de las lágrimas cuando dijo que las nuevas generaciones y quienes perdieron a familiares y amigos merecen saber la verdad. Paulo Sergio vinculó la tarea de la Comisión con la tortura y las ejecuciones extrajudiciales de práctica común en Brasil, que calificó como un legado terrible de la dictadura, a cuya erradicación contribuirán las investigaciones sobre el pasado que ahora se abren. El ministro Jobim intentó repetir con Dilma el juego que le había hecho a Lula, al recibir un documento de los militares con argumentos muy conocidos en la Argentina: la verdad reavivaría controversias del pasado, ya murieron muchos testigos y se perdieron los documentos y pruebas necesarios. Pero la presidente lo desembarcó sin contemplaciones del gobierno, pretextando unas declaraciones periodísticas inoportunas sobre dos colegas del gabinete. Aunque el gobierno envió al Tribunal Supremo un recurso oponiéndose a cualquier revisión de la ley de amnistía de 1979 ya se aproximan al centenar las causas abiertas por fiscales de distintos lugares del país para cumplir con el mandato internacional de investigar, identificar y castigar. El martes pasado los tres jueces de un tribunal civil de apelaciones de San Pablo confirmaron la decisión de primera instancia que identificó a un coronel de 80 años, conocido por el nombre de encubrimiento de Dr. Tibiriçá, como el responsable de las torturas aplicadas hace cuarenta años a varios miembros de una familia de militantes, que no reclamaron pena ni indemnización, sino sólo aquella verdad a la que tanto temía Videla. Y hace dos meses, el mismo torturador fue condenado a indemnizar con el equivalente de 50.000 dólares a la familia de un periodista muerto por la tortura en 1971, cuyo cadáver fue arrojado al paso de un camión para simular un suicidio. Paulo Abrao dijo que verdad y justicia son indisociables y complementarias y que el sistema democrático se ubica del lado de las víctimas y no de los represores. La aparición de fotos de la propia presidente con signos del castigo que padeció en su juventud, la identificación del militar que la torturó, muerto hace veinte años, y de imágenes de los cadáveres de periodistas y sacerdotes asesinados, cuyas muertes la dictadura quiso hacer pasar por suicidios, el hallazgo de archivos militares que las Fuerzas Armadas negaban conservar han causado conmoción y ratifican que también aquí la verdad y la memoria pueden ser caminos abiertos hacia la Justicia, siempre que la sociedad lo reclame con suficiente fuerza.

MASACRE DE TRELEW Cuatro décadas después


Se están cumpliendo 40 años del ensayo de represión indiscriminada que fue el fusilamiento de 19 militantes en 1972. Sus ejecutores, en el banquillo de los acusados. Las víctimas, en la memoria popular de los argentinos.
Acusados. Los imputados son seis, pero dos lograron zafar de sentarse en el banquillo.
Cuarenta años no es poca cosa. Para muchos simboliza el fin de una etapa, para otros implica un nuevo comienzo. Pasaron nada más y nada menos que cuarenta años de la famosa y recordada Masacre de Trelew. Y también, en este caso, se trata del fin de una etapa y, por qué no, del comienzo de otra, con el inicio del juicio.
La foto de los diecinueve militantes del Ejército Revolucionario del Pueblo (ERP), Montoneros y Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) a punto de ser fusilados, se guarda como una postal en la memoria colectiva y refleja, premonitoriamente, lo que ocurriría cuatro años después y de manera sistemática con la llegada del golpe de Estado, el 24 de marzo de 1976.

La madrugada del 22 de agosto de 1972, la base aeronaval Almirante Zar fue el escenario de la matanza. A sangre fría, los militantes populares murieron instantáneamente a causa de los disparos de los marinos que resguardaban la base, en uno de los puntos más australes del país. 

Pero para comprender la historia del fusilamiento, hay que remontarse una semana antes, el 15 de agosto, cuando comenzó un masivo intento de fuga de la cárcel de Rawson, comandados por los principales líderes de las organizaciones guerrilleras. Algunos consiguieron el objetivo que había sido meticulosamente planificado. Fernando Vaca Narvaja, Marcos Osatinsky, Roberto Quieto, Domingo Menna, Mario Roberto Santucho y Enrique Gorriarán Merlo alcanzaron a trasladarse al aeropuerto de Trelew y abordar la aeronave comercial BAC 111, rumbo a Puerto Montt, Chile, para vivenciar la experiencia socialista de Salvador Allende. Pero otros no tuvieron esa suerte y fueron recapturados en la cárcel de Trelew para luego ser acribillados a mansalva. Ruben Pedro Bonet, Jorge Alejandro Ulla, Humberto Segundo Suárez, Humberto Toschi, José Ricardo Mena, Carlos Alberto del Rey, Eduardo Adolfo Capello, Clarisa Rosa Lea Place, Ana María Villarreal de Santucho, Carlos Heriberto Astudillo, Alfredo Elías Kohon, María Angélica Sabelli, Mariano Pujadas, Mario Emilio Delfino, Miguel Angel Polti y Susana Lesgart perdieron la vida a manos de la represión; en tanto, María Antonia Berger, Alberto Camps y Ricardo Haidar sobrevivieron para dar testimonio del horror de la masacre. Años después, también cayeron víctimas de la represión.

Pero en la Argentina de estos años, la justicia llega. Tarda pero llega. Los cuarenta años de memoria y lucha trajeron ni más ni menos que verdad y justicia. Por caso, el último 7 de mayo comenzó el juicio a los seis imputados por la masacre: el cabo Carlos Marandini, los capitanes de navío Luis Emilio Sosa, Emilio Jorge del Real, Rubén Norberto Paccagnini, Jorge Enrique Bautista, Horacio Alberto Mayorga y Roberto Guillermo Bravo. Paccagnini y Mayorga están imputados por ser cómplices necesarios; Bautista, por encubrimiento. Los demás, por ser presuntos ejecutores materiales.

Sin embargo, dos de los seis se eximieron de sentarse en el banquillo de los acusados. Tal es el caso de Bravo, residente en Miami y que consiguió que la Justicia de ese país negara su extradición, y Mayorga, quien alegó problemas de salud.

Impulsado por la Secretaría de Derechos Humanos de la Nación y el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el juicio viene a reparar una herida histórica de nuestra sociedad, sobre todo porque los seis imputados permanecen –por ahora– en libertad.

Se especula que el proceso judicial se prolongará hasta octubre y pasarán alrededor de setenta testigos.

Durante el inicio del juicio, a cargo de los magistrados Enrique Guanziroli, Pedro de Diego y Nora Monella, en una sala del Centro Cultural José Hernández, disfrazada de Tribunal Oral en lo Criminal Federal, el pueblo entero de Trelew se convulsionó. No es para menos. Durante lustros, muchos testigos tuvieron que callarse y vivir amenazados. Ni la llegada de la democracia ayudó a mitigar el miedo que se vivió en los años de represión. Pero el destino hizo que hoy, a cuarenta años, nadie tenga que callar y mientras el proceso lleva su curso, hay lugar para la memoria activa. Más de ciento treinta organizaciones sociales alrededor de todo el país brindarán charlas, actividades culturales, presentaciones de libros, películas y festivales para recordar la masacre, coordinados por la Comisión por la Memoria del Pueblo.

El cántico popular que Madres y Abuelas de Plaza de Mayo recitan sin cesar se puede aplicar en este caso: “Como a los nazis les va a pasar, adonde vayan los iremos a buscar”. A los responsables de la masacre de Trelew los buscaron, los encontraron y, ahora, los están juzgando. Sin dudas, el mejor homenaje, a cuarenta años de la tragedia. 

LA PROVINCIA SE INCENDIA Y DE LA SOTA PIENSA EN 2015 “El candidato de Clarin”


Así define el senador Luis Juez a José Manuel De la sota. El gobernador cordobés cuenta con el apoyo del multimedios pero sus pares peronistas le dan la espalda. Su reclamo ante la Corte Suprema y el ajuste que lleva adelante en su provincia. Soledad y contradicciones.


Nadie puede negar la habilidad del gobernador cordobés, José Manuel de la Sota. Mientras su provincia está casi en llamas y todos los gremios estatales se movilizan para impedir el ajuste, buscar un diálogo y rechazar los cambios al sistema previsional que impuso entre gallos y medianoche, el cordobés sólo se preocupa por cómo llegar mejor posicionado al 2015. Judicializa sus reclamos al gobierno nacional, intenta sin éxito alentar una rebelión de gobernadores, planea con atención cómo ganar tapas en los medios distanciándose del Gobierno, y trata de esconder bajo la alfombra los números en rojo y la falta de gestión en su provincia. Si bien consiguió cierto guiño de la Corte Suprema que lo convocará a una audiencia de conciliación por un reclamo de coparticipación, el clima no está para festejos.
La capital cordobesa está irreconocible. Esta semana el Centro Cívico amaneció vallado y rodeado de policías que buscaron impedir que los trabajadores de más de 24 gremios: municipales, de la educación, de la salud, del Banco de Córdoba, de la Empresa Provincial de Energía (EPEC), entre otros, hicieran oír sus reclamos al gobernador. Si bien los motivos de tensión son varios, en la multitudinaria marcha del miércoles pasado el reclamo principal fue único: el pedido de derogación de la ley que difiere el pago del aumento a los jubilados por 180 días.

Todo comenzó hace una semana, cuando la Legislatura aprobó sobre tablas el ajuste a los jubilados cordobeses. Con el voto en soledad del bloque Unión por Córdoba (UPC), se aprobó la ley 10.078 que al ser promulgada sólo permitirá que los jubilados perciban sus aumentos diferidos en 180 días corridos a la entrada en vigencia del incremento a los activos. Según el mismísimo De la Sota, el déficit de la caja de jubilaciones alcanza los 2.010 millones de pesos, por eso “con esta actitud solidaria garantizaremos el mantenimiento de todos los beneficios de nuestro sistema jubilatorio”. También en relación al tema previsional, dispuso llevar el haber mínimo a 2.500 pesos, a través de un complemento solidario, y anunció que los desequilibrios que genere el régimen policial y penitenciario no serán cubiertos por los afiliados al sistema provincial, un viejo reclamo. En Córdoba, si bien los aportes jubilatorios son más altos que la media nacional, se cumple con el 82 por ciento móvil.

Pero la bronca de los 24 gremios estatales nace también porque ellos consensuaron una propuesta de 15 puntos para mejorar los ingresos en la caja previsional que no fue tenida en cuenta. Sin obtener el consenso de los gremios representativos de los trabajadores activos y los jubilados estatales, una vez más, el gobernador cordobés jugó su carta en silencio, perjudicando a los más indefensos del sistema. Como respuesta hubo varias marchas, el paro en diversos organismos y la promesa de José Pihen, legislador oficialista de Unión por Córdoba y titular del Sindicato de Empleados Públicos, de que el jueves 23 se presentará ante el Tribunal Superior de Justicia una acción de inconstitucionalidad de la ley 10.078. Según Pihen, uno de los líderes de la protesta que desde su banca votó en contra: “El solo hecho de que un jubilado tenga que esperar seis meses para cobrar el aumento es inaceptable. La mayoría de los gremios estamos de acuerdo con el modelo nacional, salvo en este punto en que estamos en contra de la política del gobierno nacional, porque dice que tenemos jubilaciones muy altas, pero se olvida que acá tenemos aportes más altos (los estatales de Córdoba aportan entre el 18 y el 20 por ciento, frente a los nacionales que aportan el 11 por ciento), entonces lo que hemos hecho es que rechazamos la ley De la Sota, pero tampoco bancamos achicar jubilaciones y reducir montos”.

El mal panorama en tierra cordobesa no termina acá. Entre varias medidas de ajuste tomadas, De la Sota envió un proyecto a la Legislatura unicameral de Córdoba para implementar una tasa a los combustibles líquidos y gas natural comprimido (GNC), con la cual pretende recaudar unos 500 millones de pesos que promete destinar a obras viales. La tasa será de 30 centavos por litro de los combustibles líquidos y 10 centavos por metro cúbico a los GNC de uso automotor, con la posibilidad de incrementar los gravámenes a futuro.

La provincia de Córdoba, una de las más ricas del país, colocó hace unos días títulos de deuda a 360 días por 105,5 millones de dólares con una tasa del 9,5 por ciento anual, con el fin de financiar obra pública. Pese a la delicada situación financiera de la provincia, tomó más del doble del dinero que buscaba. En medio de este panorama, la Legislatura cordobesa aprobó hace unos días la cancelación del pacto fiscal suscripto entre la Nación y la provincia en 1992, por el cual cede – al igual que otras provincias– el 15 por ciento de la coparticipación federal de impuestos para cofinanciar la ANSeS. Paso previo a que el gobernador cordobés presente una demanda judicial ante la Corte Suprema para que el Estado deje de retener esos fondos.

En este contexto, finalmente la Corte Suprema se declaró competente en el reclamo de 1.039 millones de pesos que hizo la provincia de Córdoba contra el Estado. Los recursos reclamados corresponden a un convenio de armonización previsional de 2009 por el que la Nación se comprometió a entregarle a la provincia 1.652 millones de pesos, pero que según De la Sota acumuló retrasos por 1.039 millones de pesos. La audiencia de conciliación a la que convocó el máximo tribunal será el 10 de septiembre próximo a puertas cerradas. El duelo será entre el ministro de Economía Hernán Lorenzino y el gobernador José Manuel de la Sota. Allí deberá determinarse si la provincia cumplió con su tarea de adecuar la caja previsional local a los estándares jubilatorios nacionales (años de aportes y de servicios y edad de retiro), una condición para recibir esos fondos reclamados. Ya que el compromiso de la Nación era que financiaría los desequilibrios que se producirían en esa transición.

La decisión de la Corte se da en el marco de otro reclamo por coparticipación hecho por Santa Fe. Una de las provincias que se sumó al reclamo de sublevación del cordobés que se encargó de mandar cartas a los gobernadores de todo el país, pidiéndoles abandonar el pacto fiscal. Iniciativa que no tuvo éxito. Los primeros en alzar su voz fueron los gobernadores de Mendoza, Francisco Pérez; de La Rioja, Luis Beder Herrera, y de San Juan, José Luis Gioja.

No quedan dudas de que De la Sota está siendo asesorado y cada uno de sus actos está siendo planificado al máximo como en una jugada de ajedrez. Sabe que su imagen no le alcanza para aspirar a sentarse en el Sillón de Rivadavia y debe distanciarse y enfrentar al Gobierno para poder ser reconocido como un potencial candidato en 2015. Como siempre, el ingenioso senador por Córdoba, Luis Juez, fue quien mejor lo definió: “El verdadero trasfondo de la pelea con la Nación por la coparticipación es la intención de De la Sota de posicionarse como candidato a presidente para el 2015”, señaló el senador por el Frente Cívico, integrante del FAP. Y agregó que De la Sota eligió justo este momento para “desmarcarse del gobierno nacional, para aparecer en el contexto nacional como un bonsai de caudillo federal, que viene contra los salvajes unitarios, pero eso es mentira”.

El gobernador cordobés no es nuevo en la política y menos en la provincia. Fue el responsable de conducirla desde junio de 1999 hasta 2007, y elegido nuevamente en 2011. Pero antes fue candidato a vicepresidente de Antonio Cafiero en la interna que la renovación peronista perdió a manos de Carlos Menem. Lo que hizo que el cordobés, rápido de reflejos, dejara su banca de diputado nacional para convertirse en 1990 en embajador de Brasil en la era menemista. Conoce las reglas de la política y sabe estar en el lugar justo en el momento adecuado. Por eso Luis Juez lo define en pocas palabras: “De la Sota es el candidato de Clarín, no tenga ninguna duda. Cada tres o cuatro meses van encontrando un tarado que ponga la cara. De la Sota es hoy el empleado del mes. Él lo dice donde va, está envalentonado con este apoyo”, advirtió Juez.

Para tener un panorama de los números de la provincia, basta recordar que pese al Programa Federal de Desendeudamiento acordado entre la Nación y las provincias en 2010, que permitió una reducción de deudas provinciales de 9.644 millones de pesos para el conjunto de las jurisdicciones, así como la reestructuración a largo plazo de deudas pendientes con la Nación, la deuda pública cordobesa no paró de crecer. Según el Ministerio de Finanzas de la provincia, pasó de 9.617 millones de pesos al cierre del ejercicio 2009, a 10.611 millones en 2010 y 11.099 millones al 31 de diciembre de 2011. Esto se debe a la expansión del gasto público provincial, a partir del 2003, a una tasa de crecimiento promedio anual superior en más de un punto porcentual a la del crecimiento de los ingresos. Desde su propia provincia le critican a De la Sota “medidas arbitrarias como las masivas jubilaciones anticipadas que se produjeron a partir del 2000”.

Diversos movimientos sociales de Córdoba en los que se incluyen el Movimiento Evita, Partido Frente Grande y la Junta Promotora por el Proyecto Nacional y Popular sostuvieron en un artículo publicado en La Mañana de Córdoba que “el reclamo de la provincia por el convenio de la Caja, además de resultar controvertido en cuanto al cumplimiento del compromiso de armonización, presenta una significativa desproporción cuantitativa con el caudal de recursos que por distintos mecanismos el Estado nacional transfiere en forma directa al gobierno provincial, que según el presupuesto nacional 2012 totalizarán este año casi 17.000 millones de pesos, entre coparticipación (13.300 millones de pesos) y otros nueve regímenes de distribución vigentes (obras de carácter social, Fedei, Fonavi, entre otros)”, señalaron. Y sin perder tiempo, concluyeron: “Es notorio que el reclamo pretende magnificar la significación de lo que se reclama por la Caja, como si la causa de la penuria financiera provincial fueran esos ingresos no percibidos, y no la irresponsable gestión del gobierno local. Mal podría sentarse sobre esta falacia la pretensión de mostrar como adalid del federalismo a nuestro gobernador”.
Lo cierto es que De la Sota, antes de candidatearse para el 2015, debería primero no tener su provincia en llamas. Más teniendo en cuenta que es uno de los cordobeses que gobernó durante más tiempo su territorio y no puede deslindar responsabilidades por el mal manejo de las finanzas.