domingo, 15 de julio de 2012

EL MUNDO › TRAS LA CAIDA DE UN AVION MILITAR Y LAS QUEJAS DE LAS COMUNIDADES INDIGENAS POR EL CONFLICTO CON LAS FARC Santos dijo que sigue la guerra en el Cauca

El presidente descartó la posibilidad de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia hayan derribado el avión militar, aunque la guerrilla se atribuyó el hecho y la aeronave fue desarmada por indígenas, lo que dificulta su peritaje.

La caída de un avión militar en la selva colombiana el miércoles pasado armó un revuelo en ese país. Ayer, el presidente Juan Manuel Santos descartó la posibilidad de que las Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC) hayan derribado el avión militar que cayó en el departamento del Cauca. Las FARC se atribuyeron la caída de la aeronave y aseguraron que retuvieron por varias horas los restos de uno de los tripulantes.
Santos sostuvo que los expertos de la Fuerza Aérea Colombiana (FAC) que investigan el caso no han encontrado indicios que permitan concluir que la aeronave de combate fue impactada por las FARC. “En lo que han revisado hasta ahora, ese avión no fue impactado por ninguna ametralladora punto 50 y mucho menos por un misil, porque ya algunos están diciendo que se permitió que la guerrilla adquiriera misiles”, señaló el mandatario. Santos había descartado el pasado jueves, al día siguiente de los hechos, que los rebeldes fueran los responsables del hecho. Esta vez, el mandatario consideró antipatriótico que se le haya dado credibilidad al comunicado del pasado jueves en el que las FARC aseguraron que su “fuego antiaéreo” derribó la aeronave. “Qué actitud tan antipatriótica la de algunos que quieren aprovechar estas circunstancias para pescar en río revuelto”, enfatizó. En la misma intervención, en Barranquilla, negó nuevamente que pueda ordenar la retirada de las fuerzas de seguridad de algún lugar del territorio, de acuerdo con lo solicitado por los indígenas nasas o paeces, que viven en la región de conflicto del norte del Cauca, que reclaman la salida de su territorio ancestral tanto de los insurgentes, como de las fuerzas militares y policiales. “La fuerza pública tiene la obligación, y como comandante supremo de esa fuerza pública también tengo la obligación, de proteger cada centímetro de nuestro territorio”, dijo. “Por eso nunca voy a ordenar ningún despeje de ninguna zona, de ninguna región del país”, aclaró. Además expresó que que sólo cuando encuentre que hay condiciones necesarias y convenientes para pensar en comenzar un proceso de paz se lo dirá al país y procederá.
En tanto, el representante en Colombia de la Alta Comisionada de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos, Todd Howland, afirmó ayer que centenares de civiles están afectados gravemente en el departamento de Cauca por los enfrentamientos entre la guerrilla y la fuerza pública.
“Hay muchos indígenas y campesinos en esta área con parcelas pequeñas. Es como tener una guerra en su patio trasero. Muchos en Bogotá y en otras ciudades piensan que este conflicto sólo existe en las montañas. Pero la verdad es que donde está el conflicto hay muchas personas que viven, trabajan, van a la escuela y tienen su hogar allí. Estos colombianos están afectados gravemente”, describió Howland tras una visita a la zona. También el jefe de la subdelegación de la Cruz Roja, Benno Kocher, sostuvo que es preocupante la afectación psicológica de la población y el gran número de personas que no tiene a dónde volver una vez que se normalice la situación, pues muchas perdieron sus casas tras los combates. Por su parte, la Defensoría del Pueblo de Colombia advirtió de los problemas de tipo humanitario que padecen algunos municipios y caseríos de Cauca como consecuencia de la ofensiva de las FARC, que si bien empezó hace varios meses se intensificó de forma notable en la última semana. Se estima que por lo menos 1500 personas de varios pueblos de Cauca se desplazaron a sectores más seguros desde que se intensificó la ofensiva, el 6 de julio.
El avión que cayó en la región era un Súper Tucano que el miércoles por la tarde se precipitó a tierra en las montañas de Jambaló cuando apoyaba a tropas en tierra que avanzaban en operaciones contra las FARC. Tras haber sido dado por desaparecido, la FAC admitió el jueves que la aeronave, de fabricación brasileña, se había accidentado y que en el siniestro habían muerto sus dos tripulantes, el teniente Andrés Serrano Lemus, que lo piloteaba, y el suboficial Oscar Castillo Moncaleano, que lo acompañaba como técnico. Los cadáveres de los militares fueron recogidos el mismo jueves por un equipo del Comité Internacional de la Cruz Roja (CICR), que los entregó a las autoridades castrenses en Popayán, la capital caucana. Los forenses que realizaron las necropsias en Bogotá informaron que ambos tripulantes murieron por “múltiples lesiones y fracturas en el cuerpo” y no por heridas de bala. Por otra parte, un grupo de 200 indígenas de la etnia nasa desarmó el avión de la Fuerza Aérea colombiana que cayó, lo que dificulta el peritaje para determinar si la nave fue derribada por las FARC, como afirma la guerrilla. Los indígenas fueron fotografiados con la caja negra encontrada bajo un ala de la aeronave, “a la que asocian con las desgracias que padece la región por cuenta del conflicto armado”, reseñó ayer el diario El Espectador, citado por la agencia de noticias Prensa Latina.

El Genocidio Armenio


Por José Pablo Feinmann
Durante estos días fue condenado el jefe del genocidio argentino, Videla. Las cifras –en la definición de un genocidio– no son lo esencial, sino que son otras las características que se imponen. De este modo, se habla también de un Holocausto Armenio en relación al Holocausto Judío. Escribe –buscando definir el genocidio– Rita C. Kuyumciyan: “El genocidio es la instrumentación masiva del terror (...) Genocidio significa la aniquilación coordinada y planeada de un grupo nacional, religioso o racial” (Rita C. Kuyumciyan, El primer genocidio del siglo XX, Planeta, Buenos Aires, 2009, p. 53). Luego de la Declaración de los Derechos Humanos realizada por las Naciones Unidas en 1948 se irán agregando los grupos sociales, políticos, ideológicos. Si bien es justo admitir que en la frase “grupo nacional” estaban incluidos.
Una de las características de primer orden, fundantes de un genocidio, la hemos trabajado (por haberlas padecido hasta el extremo) los argentinos. El genocidio implica la desaparición de los cuerpos de las víctimas. La masacre argentina intentó cobijarse bajo esa metodología: sin cuerpos no habría matanza. ¿Dónde estaba la prueba? De aquí la célebre frase de Videla: “Un desaparecido es alguien que no está. Se evaporó”. Para erradicar toda teoría del “empate” o de “los dos demonios” este punto es central. La derecha procesista se obstina en resaltar algunos casos de “muertos por la guerrilla” que son repudiables, pero aún así de nada sirven para empatar nada. No hay empate y hay un solo demonio: el que no entregó los cuerpos. Es distinto tener el cuerpo del ser querido, velarlo, enterrarlo según sus valores religiosos y tener una tumba donde ir a recordarlo, a rezarle o lo que sea: hasta hablarle en un susurro que expresa el lento devenir del dolor, su intimidad. Es distinto esto que no tenerlo. Cuando una madre o un padre esperan eternamente el regreso del hijo “evaporado” (según la aberrante terminología del condenado Videla), el dolor de esa ausencia es un dolor que no cesa, no puede cesar. Sólo cesaría con el retorno del hijo perdido o de su cuerpo. Si los que esperan por los desaparecidos (es imposible dejar de esperar: durante las noches se lo presiente en cada ruido, en cada ventana que –agitada por el viento– golpea, en cada crujido de la escalera, en cada rumor sordo, lejano, que llega desde fuera de la casa y se confunde con los pasos de alguien, los pasos anhelados, los que siempre se esperará oír, los del desaparecido) tuvieran su cuerpo o lo que de él quede podrían darle sepultura, tendrían un lugar donde ponerle una flor. De modo que esa búsqueda de “culpables” en el “otro” bando no tiene sentido y hasta es una afrenta a quienes carecerán para siempre del cuerpo del “desaparecido”. La ausencia es un hueco que nada puede llenar. La ausencia es un dolor y una angustia que siempre esperan. La esperanza del que espera al hijo que le han “desaparecido” jamás “desaparece”. Para su dolor, para su interminable angustia, es, aquí, la esperanza la que los alimenta. ¿Cómo podrían dejar de tenerla? Dejar de esperar al desaparecido sería matarlo del todo. O por segunda y definitiva vez. ¿De qué empate se habla? Acaso –alguna vez– lleguen a juzgar a dos o tres jefes de la guerrilla. Supongamos. ¿Qué se lograría con eso? ¿Con eso quieren empatar el dolor de los que esperan en vano día tras día?
En 2005 se cumplieron noventa años del Genocidio Armenio. Si bien transcurrió entre 1915 y 1920 hubo etapas anteriores de matanzas de armenios que lo precedieron. La más importante fue perpetrada por el sultán Abdul Hamid II, a quien se llamó el “sultán sanguinario”. Lo fue: bajo su reinado murieron 200.000 armenios. La aparición en la escena política de un grupo fervoroso que se dio el nombre de Jóvenes Turcos entusiasmó a los armenios. Los Jóvenes impusieron una nueva Constitución y levantaron las banderas de la Revolución Francesa: Libertad, Igualdad. Fraternidad. Pero –dentro del estruendo cambiante, caótico de la Primera Guerra– el nuevo grupo hegemónico se inclinó hacia Alemania, cuya complicidad en el genocidio de los armenios aparece cada vez con mayor claridad. No es casual que –durante la Segunda Guerra– Hitler haya recurrido a su memoria –o mejor dicho: a su no-memoria– para justificar el de los judíos. Escribe Vahakn N. Dadrian: “En los años ’20 y ’30, Hitler hizo numerosas declaraciones donde dejó entrever que tenía un conocimiento general sobre el caso de los armenios y los turcos, sobre los antecedentes históricos de persecución de los armenios y su ‘aniquilación’ en Turquía. En uno de los documentos escritos más antiguos que se conservan, que contiene declaraciones o discursos hechos por Hitler hacia 1924, el futuro líder nazi aludió a los armenios como víctimas de su falta de espíritu de combate” (Vahakn Dadrian, Historia del Genocidio Armenio, Imago Mundi, Buenos Aires, 2008, p. 372). Ese “espíritu de combate” era el que el pueblo alemán debía tener en su lucha contra los judíos, parásitos del cuerpo de la nación, a los que si no se exterminaba terminarían por dominar. Hitler, que admiraba a Gengis Khan, decidió emprender las grandiosas matanzas del mítico guerrero. “Claramente, Gengis y sus hazañas de conquista impresionaron no sólo a los turcos sino a otros muchos líderes nacionalistas que aspiraban a ser conquistadores. Sobrecogidos por el tamaño de su enorme éxito, tales líderes buscaban la influencia de los sanguinarios y feroces métodos que llevaron a Gengis a asegurar tales victorias” (Ibid., p. 375). Tanto los Jóvenes Turcos como Hitler se vieron impulsados por el ejemplo del Khan: las grandes matanzas aseguraban éxitos perdurables. Parece que Hitler se topó con un libro sobre Gengis cuando estaba preso en Landsberg (entre febrero y diciembre de 1924) junto a su fiel Rudolf Hess, quien habría de escuchar y anotar el dictado de Mi lucha. Ahí se enteró adecuadamente del Genocidio Armenio. De las masacres que el Imperio Turco Otomano (en busca de la “turquificación” total de la nación) descargó sobre ese grupo étnico. Más tarde, buscando convencer a su Estado Mayor de la solución final acerca del problema judío, habría de decir su frase fatídica: “¿Alguien recuerda el Genocidio Armenio?”
Tenía razón. Nadie lo recordaba. Se le llamó “el genocidio olvidado”. Tuvo tres etapas. La primera fue la aniquilación de los intelectuales. Consideraron, los Jóvenes Turcos, que debían empezar por la cabeza. “El Genocidio Armenio comenzó su plan de exterminio cuando en una sola noche, del 23 de abril al 24 de abril de 1915, en todo el territorio de la actual Turquía, millares de armenios (...) como pensadores, eclesiásticos, escritores, políticos, artistas, docentes, médicos, etc. fueron arrestados y posteriormente deportados” (Kuyumciyan, ob. cit., p. 50). Luego mataron a los hombres y luego a las mujeres, a los niños y a los ancianos. La descripción de los horrores que estos hechos implicaron ha sido hecha. Lo que no se ha producido es el reconocimiento por parte de los turcos. Este “negacionismo” es una herida infranqueable entre la relación de ambos pueblos. Mientras el negacionismo continúe, mientras un periodista sea asesinado, como lo fue en 2008 el turco Hrant Vink que denunciaba el genocidio y el negacionismo, mientras el mundo permanezca dentro de una indiferencia sólo atenuada por gestores diplomáticos, las heridas no cerrarán. Aquí, el juez de La Plata Carlos Rozansky incluyó, en su acusación contra el genocida argentino Etchecolatz, el Genocidio Armenio como antecedente del nuestro. Las Naciones Unidas, incluso, han reconocido el genocidio contra los armenios. (Ver: El Derrumbe del Negacionismo, AAVV, Planeta). Pero no sus perpetradores, no los turcos. Esto impide una realización adecuada del duelo. Como lo impide la figura del desaparecido, siempre. De aquí que sea una tarea permanente para los que luchan a favor de los DD.HH., como fundamento de una vida menos tanática entre los hombres, como un avance constante del Eros sobre la pulsión de muerte, el recordarlo.

DEPORTES › SALOME DI IORIO, LA REFERI QUE ACTUARA EN LOS JUEGOS DE LONDRES “Esta es una gran oportunidad”

Abogada de profesión, representará al país arbitrando el torneo femenino de fútbol de los Juegos Olímpicos. En diálogo con Página/12 repasó su carrera y habló sobre el esfuerzo que debe hacer para destacarse en un ambiente machista.

“Creo que cuando salgo a la cancha hago las cosas bien”, sostiene Di Iorio.
Por Leonardo Castillo
Desde muy chica estuvo ligada al fútbol, como aficionada y jugadora, pero cada vez que opinaba sentía que su opinión era descalificada por su condición de mujer. Se decidió entonces a seguir el curso de árbitro para demostrar que sabía y entendía el juego como cualquier hombre. Y así fue como hace catorce años inició una carrera que le permitió alcanzar la condición de internacional y ser designada para dirigir el torneo de fútbol femenino que tendrá lugar en los Juegos Olímpicos. A los 32 años, Salomé Di Iorio, abogada de profesión, viajará rumbo a Londres con la ilusión de seguir creciendo. “Mi sueño es dirigir en Primera y ojalá esta experiencia me dé impulso para llegar”, señaló en una charla con Página/12.
–¿Con qué expectativas viaja a los Juegos Olímpicos?
–Con las mejores. Voy a tratar de disfrutar esta oportunidad al máximo. La posibilidad de estar en una competencia de tanto prestigio puede ser muy importante para mi carrera. Vengo trabajando desde hace varios años, y creo que cuando salgo a la cancha hago las cosas bien. Este año tuve la oportunidad de concurrir a un seminario de la FIFA que se llevó a cabo en Portugal y en las evaluaciones me fue bien. Pasé todas las pruebas reglamentarias de la Conmebol a las que se someten los árbitros internacionales y en las evaluaciones físicas también salí bien. Creo que voy a Londres con buenos antecedentes y quiero hacerlos valer.
–¿Cree que después de esta oportunidad se le abrirá el camino para dirigir en Primera División?
–Soy internacional desde 2004, dirigí un Torneo Sudamericano juvenil femenino, los Juegos Panamericanos de Guadalajara, y en los partidos de Reserva de la Primera. Lamentablemente, no depende de mí el hecho de subir de categoría. Siento que estoy en condiciones de hacerlo, desde el punto de vista técnico, pero bueno, los prejuicios que existen en este medio hacen que a una mujer todo le cueste el doble. Tal vez me falte demostrar algo más, no lo sé. De todos modos no es normal que un árbitro esté estancado durante seis años en una misma categoría. Este año tuve la chance de jugar en Primera D y no creo haber hecho las cosas mal. Igual sigo esperando una oportunidad y trabajo para conseguirla.
–¿El fútbol es un medio machista?
–Es un medio dominado por hombres y en el cual las mujeres debemos esforzarnos el doble o el triple para tener las mismas oportunidades. Y es un desafío para quienes tienen la responsabilidad de designar darle la responsabilidad a una mujer de dirigir partidos o torneos de jerarquía. Es verdad que nadie lo dice de forma explícita, aunque las circunstancias demuestran que a las mujeres de este medio las cosas no les resultan fáciles.
–¿Cómo la tratan los hombres dentro de la cancha?
–Bien, de hecho dirigí más a hombres que mujeres a lo largo de mi carrera. Hace unos catorce años que estoy en la AFA y a muchos de los jugadores que hoy juegan en Reserva los dirigí cuando estaban en infantiles. Siempre hubo respeto, de los futbolistas hacia mí y de mí hacia ellos. Y creo que, en este juego, la autoridad se consigue demostrando capacidad a la hora de aplicar el reglamento.
–¿Pero es cierto que frente a una mujer el jugador se contiene un poco más a la hora de reclamar?
–Depende de la temperatura del partido, de lo que se juega o del estado de ánimo de cada futbolista. Igualmente, hay de todo. Existen personas que no toleran que una mujer les marque una equivocación, un error, una falta, y otros en cambio se morigeran un poco más, pero no tanto...
–¿Es de hablar mucho con los jugadores?
–Bastante. Sobre todo en los partidos que se ponen difíciles, trato de charlar mucho con los capitanes para calmar las cosas y evitar que pasen a mayores. No me gusta sacar tarjetas porque sí.
–¿Y cómo reacciona la gente en la cancha ante el error de una referí?
–Y a veces con un poco más de intolerancia que ante la equivocación de un hombre. Frente a un fallo mal cobrado enseguida aparece el “no puede estar acá porque es mujer”. Es cierto que a los hombres se les perdona más el error que a las mujeres. La única forma de revertir eso es demostrando capacidad, no hay otra.
–¿Ser árbitra viene a ser algo así como una cruzada en el fútbol?
–Y sí. Es algo parecido a eso. Fui una de las pioneras en el arbitraje femenino, cuando empecé éramos solamente cuatro y hoy somos once en actividad. Cada torneo o partido importante al que es designada una mujer es un espacio que se gana para las otras árbitras que se están formando.
–¿El mejor referí es el que pasa desapercibido?
–Es que a veces no se puede pasar desapercibido. Hay jugadas determinantes donde se debe aplicar el reglamento correctamente y es imposible no destacarse, para bien o para mal. Si se sanciona un penal en el último minuto de juego es imposible no estar en el centro de las miradas. En mi caso, me gusta darle continuidad, fluidez al juego, dentro de los límites reglamentarios y sin caer en el vale todo.
–¿Cómo tomó la decisión de empezar a dirigir?
–Siempre me gustó el fútbol y me sentí desde chica ligada a él. Incluso, cuando tenía 12 años jugaba con varones en un equipo que participaba en la Liga de Quilmes. Sin embargo, cuando iba a la cancha mi opinión era descalificada por el simple hecho de ser mujer y eso era algo que me molestaba mucho. A los dieciséis años decidí hacer el curso como un desafío, para demostrar que era capaz de entender el juego como cualquier hombre. En mi familia pensaron que era un capricho, que se me pasaría con el correr del tiempo, pero cuando vieron que era de seguir la carrera de abogacía y dirigir al mismo tiempo me empezaron a tomar en serio. Gracias al arbitraje conocí un montón de lugares y viví sensaciones que eran inimaginables cuando empecé. Ahora se vienen los Juegos, voy a representar al fútbol argentino y al sudamericano, y la verdad, siento que todo el sacrificio que hice valió la pena. Ojalá tenga la chance de dirigir un Mundial, ésa sería una linda forma de coronar mi carrera.

EL PAIS › OPINION De margaritas y horadar la conciencia


Por Daniel Goldman *
Hace un par de años fui invitado por una universidad de Montevideo a dictar una serie de clases. Lo único que pedí fue que me hicieran el contacto con Mauricio Rosencof, a quien estaba ávido por conocer. Rosencof era para mí todo un emblema. Había leído su bibliografía completa hasta el momento y me encantaba escucharlo en el disco La Margarita, de Jaime Roos, cuando con voz medio ronca y con tambores de un fondo indefinido decía: Guardaba a Robert Mitchum, tapa en cancionera. Su asistente en el Municipio de Montevideo, en el que era (o sigue siendo) responsable de Cultura, amablemente me invitó a su despacho. Cuando entré, como relojeando, busqué la gorra colgada en el perchero. Ahí estaba. Fue un encuentro cálido, de esos que no te olvidás. Y al final me tiró un centro, una frase para que la use en alguno de esos sermones que como rabino me toca andar diciendo por allí: “La memoria es la gran barricada”. Qué enunciado, qué propuesta, ¡como para olvidarla!
En su sabiduría, no ignora el poeta que repetir el concepto, como si fuese parte de un ejercicio psicoanalítico, horada la piedra de nuestra conciencia. O en términos más crudos, interpela nuestra amnesia. Rosencof nos parapeta en la barricada del recuerdo, sagrada trinchera del vigor y la energía en la que hay que seguir resistiendo, accionando y debatiendo. Estar en la trinchera es transformar la memoria en denuncia y la denuncia en discurso político. Sabe que es absolutamente indigno sostener que el reclamo de justicia pueda ser un gesto neutro, edulcorado, disecado. La experiencia histórica y Rosencof nos enseñan que los actos neutros representan una categoría antiintelectual en el sentido más profundo del término; que terminan dando el guiño a las acciones funcionales del oscurantismo y de lo reaccionario que beneficia a los victimarios y sus cómplices. Creer que vaciar a la memoria de política es darle otro contenido, es también una postura política que lo único que hace es poner en práctica silogismos de ciudadanía barata que ni siquiera se aproximan a la nostalgia, mecanismo melancólico para que todo siga igual. Rosencof, junto con el lúcido periodista Mario Wainfeld, van a hablar en el acto de Memoria Activa. Siempre imaginé que debía haber empatía entre Mauricio y los familiares de las víctimas, porque ambos conocen de manera descarnada la hondura del dolor. El, desde el pozo en el que estuvo secuestrado y ellos, desde la intensidad del vacío ante las 85 ausencias presentes. Todos conocemos de cómo Rosencof y Eleuterio Fernández inventaron un lenguaje cuando estaban presos en celdas contiguas, a través del golpeteo en la pared. Esta leyenda, que más que saga es un signo penetrante de la condición humana y de la pulsión de vida, es también un símbolo de que por más que pretendan los autoritarios, sean de la calaña que fueren, a la palabra se la puede humillar pero jamás se la puede callar. Aquel que cree que hace callar la palabra con la fuerza de la censura, con el correr del tiempo puede tornarse en un criminal. Tal vez, sólo para pugnar contra estos peligrosos personeros, corresponda movilizar el valor tenaz del recuerdo. A través de los años, Memoria Activa lo supo hacer, acusando sin miramientos a quien se debía y diferenciándose de cualquier poder, del grande y del comunitario. El martes 17 a las 18 frente al edificio de Pasteur, masivamente debemos estar.
* Rabino.

EL PAIS › REPORTAJE A MAURICIO ROSENCOF, ORADOR INVITADO AL ACTO DE MEMORIA ACTIVA “La memoria es una barricada”

Uruguayo, ex preso político, escritor, dramaturgo, poeta, ex ministro de Cultura de Montevideo, habla el martes para honrar “a extraordinarios militantes judíos que quiero reivindicar” como parte de la “lucha por los derechos humanos”.


Por Raúl Kollmann
“Yo creo que estamos en deuda con lo que es la vieja izquierda, que tuvo una presencia muy importante de la colectividad judía. Hay mil jóvenes desaparecidos durante nuestras dictaduras de origen judío. En las brigadas internacionales que lucharon contra el fascismo, el 25 por ciento eran judíos. Y yo me crié entre sastres, zapateros, carpinteros que hablaban en idish. Trabajadores con una conciencia clara. En honor a ellos voy a hablar en el acto de Memoria Activa recordando a las víctimas de la AMIA.” Las palabras provienen de Mauricio Rosencof, poeta, dramaturgo, ex dirigente del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros; compañero del presidente uruguayo José “Pepe” Mujica a lo largo de los once años de encarcelamiento en que fueron rehenes de los militares uruguayos. El objetivo de la dictadura era enloquecerlos, metiéndolos en pozos, en la famosa La Sala 8 (título del último libro de Rosencof) y moviéndolos de un lado a otro para destruir su moral. Como se verá en el diálogo con Página/12, a los 79 años, Rosencof exhibe su espíritu indomable.
“La lucha rioplatense por los derechos humanos es una de las grandes causas del humanismo universal –ha dicho muchas veces el ex ministro de Cultura de Montevideo–. La memoria es una barricada para el Nunca Más.”
–¿Lo tendremos entonces el martes a las 18 hablando en el acto convocado por los familiares de Memoria Activa?
–Así es. Acepté la invitación en honor a esos extraordinarios militantes judíos que quiero reivindicar. Cuando hubo que luchar contra el fascismo, allí fueron los 15.000 integrantes de las Brigadas Internacionales que combatieron en España contra la invasión franquista y los aviones nazis. El 25 por ciento eran judíos y tenían un batallón propio en el que había una publicación en idish. En esa tradición, luego fue fundamental la presencia de compañeros judíos en el Partido Comunista Uruguayo, en el Partido Socialista Uruguayo y en el Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros. Un poco se ha diluido ese recuerdo y hay que rescatarlo. ¿Sabía usted que en las Brigadas Internacionales hubo 54 muertos uruguayos? ¿Y sabía que diez eran judíos? Hay que recobrar la voz de todos ellos. Por esa tradición es que hoy tenemos ministros judíos en el gabinete del presidente Mujica.
–¿Usted nació a la política en ese ambiente?
–Claro. Mi papá era bolchevique. Así se reivindicaba. Hablaba polaco, español e idish. Era del Sindicato Unico de la Aguja, el de sastres, aunque él decía que era un de-sastre. Se leía el diario en idish, Unzer Frend, y el local del sindicato lleva el nombre de un sastre que está enterrado en el cementerio de La Paz, en Canelones, y en la tumba en lugar de la estrella de David hay una hoz y un martillo. Hay que tener en cuenta que venimos de ahí. Por eso, mi presencia en el acto por las víctimas de la AMIA es emocional, en mi caso. Es recordar y poner las cosas en su sitio. Las voces de los judíos de izquierda no tienen la presencia que tuvieron y que tienen que tener.
–¿El sentido de su presencia tiene que ver con la resistencia de los familiares de las víctimas?
–Por supuesto. Yo tengo como referente moral y de resistencia a Mordejai Anilevich, en el alzamiento del Gueto de Varsovia; a Primo Levi, que luchó contra los nazis junto a sus estudiantes y luego dio ese ejemplo de ética de la resistencia en Auschwitz. Piense que Rosa, la hermana de mi padre, fue la única sobreviviente de su familia. Todos murieron en los campos de concentración. Raúl Sendic, mi amigo y gran dirigente de Tupamaros, decía en aquel entonces que tomaba como modelo a los kibutzim de Palestina. Shimon Peres fue secretario general de la Internacional Socialista. Por eso hay que recordar, a los luchadores judíos, a aquellos mil militantes judíos de- saparecidos y a las víctimas de los dos atentados de Buenos Aires. Es lo que me llevó a aceptar la invitación. Soy uruguayo hasta las patas, gardeliano, tanguero. Y soy judío.

EL PAIS › SOUVENIRS NAZIS, HERENCIA DE ROMERO VICTORICA Y CRIMENES DE LESA HUMANIDAD Para hacer juSSticia

La renovación de la justicia federal ha seguido avanzando, pero entre las nuevas propuestas también hay casos injustificables: un coleccionista de parafernalia nazi, un heredero de Romero Victorica, el autor de un tratado en colaboración con un acusado por crímenes de lesa humanidad. El Senado puede corregir esas aberraciones. Los proyectos de Moyano y Scioli y las expresiones de deseos del cardenal Bergoglio.



Por Horacio Verbitsky
Las propuestas oficiales para ocupar altos cargos en el decisivo fuero federal constituyen un preciso mosaico del estado de situación en la Justicia, donde los saludables aires de renovación coexisten con las aguas estancadas de la manipulación, las ideologías reaccionarias y las operaciones de inteligencia. Luego del fallido intento por designar al Procurador General Daniel Penoso, el Poder Ejecutivo escogió a la fiscal general Alejandra Gils Carbó, quien concitó el apoyo de un centenar de organizaciones de importancia y apenas cinco presentaciones de rechazo. Una por parte de la agrupación de abogados de la calle Montevideo, un pequeño pero poderoso grupo de lobby que reúne a ex funcionarios judiciales de la dictadura militar con letrados que litigan contra el país en el CIADI, representando a empresas trasnacionales. Otra, firmada por la diputada Elisa Carrió, en uno de sus esporádicos intentos por regresar con algún estrépito de su ostracismo político. Todo parece indicar que su pliego obtendrá con holgura los dos tercios del Senado que se requieren para acceder al cargo que durante los años pasados prestigió Esteban Righi. Esta designación es coherente con el proceso iniciado en 2003 desde la renovación de la Corte Suprema de Justicia, que sigue siendo el punto institucional más alto que puede ostentar la Argentina. La alocución con que Ricardo Lorenzetti abrió el año judicial el 6 de marzo de 2012, expuso un modelo de justicia coherente y progresista como los tribunales argentinos no habían conocido antes.

Seis años después

Entre los pliegos que la semana pasada ingresaron al Senado están también los de cuatro jueces federales de la Capital, seleccionados luego del concurso 140 que se extendió durante nada menos que seis años. Fue convocado para sustituir al destituido juez Juan José Galeano pero en 2005 ninguno de la treintena de postulantes rindió el examen en forma satisfactoria. Cuando volvió a convocarse, en 2008, se habían sumado otras tres vacantes en el mismo fuero. El concurso también estuvo paralizado a raíz de una denuncia del juez federal Daniel Rafecas y de una nota del diario La Nación, que dieron lugar a una causa judicial en la que se investigó si los jurados habían adelantado los temas a dos de los candidatos. Uno de ellos, Carlos Ferrari, incluyó de memoria en su escrito 43 citas de sentencias de la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, lo cual fue considerado imposible por el experto en esa jurisprudencia Alejandro Carrió. El otro, Luis Osvaldo Rodríguez, había pedido días antes del examen el fallo del juzgado de Rafecas en un caso similar al que le tomaron en la prueba, sobre un robo de monedas. No obstante, la jueza federal María Servini absolvió a ambos: a Ferrari porque había hecho todos sus estudios desde el primario en Estados Unidos y era un lector habitual de jurisprudencia de la Corte; a Rodríguez porque no había pedido sólo ese fallo, sino muchos otros, estudiando para el examen. Por último, el Consejo de la Magistratura elevó una terna que incluyó en primer lugar a Marcelo Martínez de Giorgi, quien tuvo una destacada labor en juicios por crímenes de lesa humanidad como secretario de la Sala II de la Cámara Federal, y que en los últimos años ha sido titular interino de dos de los juzgados vacantes; seguido por el secretario Juan Pablo Salas, juez interino en Morón y el juez de Quilmes Marcelo Goldberg. También agregó una nómina complementaria integrada por Rodríguez; el secretario del juzgado de Rafecas, Sebastián Ramos, y el de la Sala I de la Cámara, Sebastián Casanello. El Poder Ejecutivo envió al Senado los nombres de Martínez de Giorgi, Ramos, Casanello y Rodríguez.

El hombre de la svástica

Los tres primeros son inatacables. En cambio, Rodríguez fue impugnado por el CELS y no sólo por las sospechas de que consiguió información sobre el concurso en forma anticipada. Ex secretario del ministro de la Corte menemista Rodolfo Barra y de estrecho vínculo con los trillizos Fernández que desde la SI realizan una política judicial paralela, también fue objetado su desempeño como juez de la causa por el asesinato de Mariano Ferreyra: no admitió como querellante a la madre de la víctima, dilató cuanto pudo las indagatorias y detenciones de los acusados y no mostró diligencia para investigar posibles sobornos o tráfico de influencias entre imputados del caso Ferreyra, intermediarios y jueces de la Cámara Nacional de Casación Penal. Sus demoras pese a la insistencia del fiscal hicieron que se perdieran los mensajes de texto de los imputados, ya que la empresa telefónica sólo los conserva durante noventa días. Con las pruebas ya disponibles, el fiscal Sandro Abraldes pidió la detención del vicepresidente del ferrocarril Belgrano Cargas, Angel Stafforini, quien habría puesto el dinero para comprar la libertad del secretario general de la Unión Ferroviaria José Pedraza, del agente de la SI Juan José Riquelme, quien habría negociado el monto a pagar, del ex juez interino Octavio Aráoz de Lamadrid, quien hizo el contacto con la Cámara de Casación, del prosecretario de ese tribunal Luis Ameghino Escobar, quien habría adulterado el sorteo para que cayera en la sala de los jueces Eduardo Riggi, Wagner Gustavo Mitchell y Mariano González Palazzo. Según el fiscal no es posible descartar que también esos camaristas “hayan tenido participación en los hechos, sea a través de la recepción de dádivas o de la aceptación de promesas de esa naturaleza”. Los dos últimos ya renunciaron. Si esto no bastara para descalificar a Rodríguez, colegas suyos en tribunales e incluso miembros de su familia que pidieron reserva de su nombre, dijeron que recién al presentarse al concurso, Rodríguez sacó de su casa una colección de objetos nazis, que guardaba en un cuarto acondicionado al efecto, con una vitrina de grandes dimensiones. Incluía medallas de condecoraciones, dagas, cuchillos y libros. El juez ofreció esas posesiones comprometedoras a dos casas especializadas: Militaria Martínez, de la Galería Larreta, en Florida al 900 y la armería Miranda, de Bartolomé Mitre y Paraná. Rodríguez dejó sus tesoros en consignación y ambas casas los ofrecieron a otros conocidos coleccionistas, uno de los cuales es un arquitecto que lo confirmó para esta nota. Ante una pregunta acerca de si Rodríguez no podría ser un coleccionista interesado en todo tipo de objetos de la Segunda Guerra Mundial, las fuentes próximas al juez lo negaron: “Sólo del nazismo”.

Las amapolas de San Martín

Otra situación de equivalente gravedad se produjo en el Juzgado Federal Civil, Comercial y Contencioso Administrativo número 1, de San Martín. En forma interina está a cargo el secretario de la Cámara de Apelaciones, Oscar Alberto Papávero, quien ha realizado las sobreactuaciones necesarias para ser postulado, pese a su poco recomendable trayectoria. En los últimos meses, rechazó un amparo para comprar dólares con un crédito hipotecario y negó el aumento del abono de Cablevisión. El currículum que Papávero presentó al Concurso 203 del Consejo de la Magistratura, indica que fue designado secretario de la fiscalía de San Martín por Juan Martín Romero Victorica, quien trabajaba junto con el entonces funcionario de la Procuración General Alfredo Bisordi en la causa Born. De allí pasó a actuar como secretario del juez Carlos Enrique Luft, cuyo nombre figura en la lista del Personal Civil de Inteligencia del Estado que el Ejército hizo pública. Por último, fue designado secretario de la Cámara Federal de San Martín. Romero Victorica y Luft llevaron a cabo una maniobra que el montonero arrepentido Rodolfo Galimberti le ofreció al ex secretario de Justicia César Arias, para apoderarse de parte del dinero que el Estado había pagado como indemnización a la familia Graiver. Aduciendo que los bienes de la familia Graiver incautados durante el gobierno militar habían sido adquiridos con fondos del rescate de los hermanos Born, el fiscal solicitó, y Luft concedió, primero un embargo y luego el secuestro de la última cuota que el Estado Nacional se había comprometido a pagar a la familia. Arias congeló los pagos y los Graiver acordaron repartir la suma pendiente, como única forma de cobrar algo. Entonces juez y fiscal tramitaron ante el Poder Ejecutivo el desbloqueo de los fondos. Pero no fueron al Tesoro Nacional, como le habían hecho creer al ingenuo Arias sino a Jorge Born, quien con los 16 millones de dólares que recibió, formó una sociedad con Galimberti. Arias denunció a Luft y dijo que se habían pagado comisiones con dineros públicos. Un grupo de organismos defensores de los derechos humanos están haciendo circular una nota consignando su preocupación. Mencionan “la falta de antecedentes académicos y jurídicos, la ausencia de publicaciones periodísticas, obras literarias o conferencias sobre temas jurídicos” de Papávero. Luego de valorar “los avances logrados para elevar jurídica, moral y humanamente el nivel de nuestra judicatura” señalan que “personajes como Papávero se mimetizan en el sistema democrático y desde las sombras resisten los cambios que la sociedad reclama para avanzar en la construcción de un país con dignidad para todos”. Agregan que del currículum de Papávero “no surge vinculación alguna y mucho menos compromiso con causas relacionadas con los derechos humanos” y que los antecedentes que consignó al concursar no pasan de una página, “referidos a tareas relativas a su cargo de Secretario y en la Superintendencia Administrativa y de capacitación del personal judicial, sin concurso”. En cambio “no hizo postgrados ni cursos universitarios o terciarios y en los que participó obtuvo un pobrísimo orden de mérito: 23 y 19”. Tampoco registra “trabajos escritos ni artículos ni obra jurídica alguna y ni se le conoce haber participado en alguna disertación jurídica”. Como juez subrogante, designado sin concurso en 2010 “demostró reticencia o ha puesto obstáculos en causas de ciudadanos extranjeros que tramitan la naturalización argentina poniendo en práctica criterios propios de la derogada ‘Ley Videla’, contradiciendo de esa manera la letra y el espíritu de la política migratoria amplia” vigente. La preocupación de los organismos se centra en los archivos de ese juzgado, donde hay “numerosas causas relacionadas con la dictadura militar”, esenciales “para las investigaciones en los juicios por delitos de lesa humanidad”. Ante una solicitud del Archivo de la Memoria, Papávero “no ha propuesto ninguna acción conservatoria de esos expedientes ni ha tomado contacto alguno con los organismos de derechos humanos”. Papávero designó como auxiliar a su hijo Sebastián y a Federico Fernández, sobrino de Javier Fernández, el hombre de Barra en la AGN, devenido en poderoso operador judicial para cualquier gobierno. Papávero se llevó como custodia personal a la novia de Federico, una mujer policía bonaerense que atiende tras de rejas, una imagen sugestiva de las contrariedades que sufre en San Martín la posibilidad de democratizar la justicia.

Bahía gris

La misma ilógica preside la propuesta como fiscal general de la Cámara Federal de Bahía Blanca de Alejandro Salvador Cantaro, en detrimento de Gabriel Darío Jarque, quien fue secretario de esa fiscalía durante la titularidad de Hugo Cañón y en la actualidad es defensor oficial. Cantaro escribió Lecciones de Derecho Penal en colaboración con Hugo Mario Sierra, detenido y suspendido como docente en la Universidad Nacional del Sur por 39 hechos considerados crímenes de lesa humanidad mientras fue secretario del destituido y prófugo juez Guillermo Federico Madueño, quien murió en la cárcel. Durante la noche Madueño planificaba con el general Adel Vilas los operativos de la represión. Sierra tomó declaración a detenidos que denunciaron torturas pero no inició acciones al respecto y en cambio dio por buenas las declaraciones autoincriminatorias que habían prestado en esas condiciones. En cambio Jarque contaba con el apoyo de Cañón y de Adolfo Pérez Esquivel, quienes destacaron su “empeñoso trabajo buscando el avance y desarrollo de los juicios por delitos de lesa humanidad y su comprometida actuación en la prevención y denuncia de la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos y degradantes”. También aportó “antecedentes, fundamentaciones y argumentos” para que Cañón pudiera impugnar la constitucionalidad de la ley de obediencia debida y de los indultos, en 1988 y 1990. Con el apartamiento de Jarque, el gobernador Scioli y su ministro de Justicia y Seguridad, alcaide mayor penitenciario Ricardo Casal, se sacan de encima a un molesto investigador de los abusos contra personas privadas de su libertad en las cárceles bonaerenses y el gobierno nacional muestra una ligereza incongruente en su política en defensa de los derechos humanos.

EL PAIS › LA INCURSION POLITICA DE HUGO MOYANO AMENAZA CON GENERAR BAJAS EN LA CGT QUE ENCABEZA Un camión donde no todos viajan cómodos

No todos los que están con el camionero comparten la ruptura con el Gobierno. Otros sindicalistas podrían dejarlo.



Por Miguel Jorquera
Aun con la tracción que genera el poderoso gremio de camioneros, Hugo Moyano no logró arrastrar a todos los sindicatos que hasta hace poco le respondían. Al frente de una fracción de la CGT debilitada por el enfrentamiento con otros caciques sindicales, la incursión política del camionero también amenaza con el éxodo de otros dirigentes que respaldan su impronta sindical pero no comparten la ruptura con el Gobierno, y que podrían empezar a bajarse del acoplado de Moyano a medida que se acerquen las legislativas de 2013, sobre todo si desde la Casa Rosada comienzan a dar respuesta a algunas de las demandas que unifican los reclamos del diverso conglomerado sindical y que ya no llegarían de la mano negociadora o el poder de fuego de Moyano.
El nuevo consejo directivo de la CGT moyanista reúne a un heterogéneo grupo de dirigentes sindicales con alineamientos políticos diferentes, donde no todos están dispuestos a responder automáticamente a los vaivenes y ambiciones personales del camionero.
“Si no hay respuesta a quienes han contribuido al triunfo de la Presidenta, tendremos que repensar el futuro voto el año que viene”, soltó desafiante Moyano en el acto del jueves pasado. No todos los que lo acompañan comparten la amenaza política. Su novel secretario adjunto, el petrolero Guillermo Pereyra, aseguró ese mismo día que mantiene “un buen diálogo con el Gobierno” y que su papel en la central sindical moyanista no entorpecerá su tarea en el directorio de YPF, donde tiene un sillón en representación de los trabajadores.
Los logros alcanzados por su gremio en tiempos de bonanza le sirvieron a Moyano de estandarte para encumbrarse y sostenerse en la CGT. Pero la escalada del camionero contra el Gobierno espantó a muchos de sus ex aliados. Cambiaron de vereda, un “incondicional” de Moyano como era Omar Viviani (Taxis), otros como Norberto Di Prospero (Personal Legislativo), Roberto Fernández (UTA), José Luis Lingeri (Obras Sanitarias), Rogelio Rodríguez (Telefónicos), Omar Suárez (Obreros Marítimos), Marcos Castro (capitanes de ultramar), Jorge Fantini (Federación Obreros de la Carne), Horacio Ghillini (Sadop) y Noé Ruíz (Modelos). También se alejaron los maquinistas de Omar Maturano (La Fraternidad) y los divididos ferroviarios de la UF. Ya lo habían hecho los aeronavegantes de Omar Frecia, y hasta los mecánicos aeronáuticos de Ricardo Cirielli no participaron del congreso de la CGT del camionero. Uno de los últimos en emigrar fue el textil Jorge Lobais.
La creación de fuentes de trabajo es uno de pocos temas que hasta los sectores cegetistas más enfrentados con el kirchnerismo le reconocen –aunque en distintos tonos– al Gobierno. La defensa de esas mismas fuentes laborales que asumió el Gobierno tras los coletazos de la crisis internacional ha beneficiado a los trabajadores textiles, de los que más aportes reciben del programa Repro a través del cual el Estado nacional subvenciona los sueldos de una industria que no termina de hacer pie.
Lo mismo sucedió con la carne, donde el aporte de un crédito provincial, más los Repro que aportaría la Nación –según anunció la Presidenta–, permitirán reabrir el frigorífico Carnes Pampeanas y sostener 300 puestos de trabajo y otros más de mil indirectos. Nada hace pensar que esos sindicatos podrían sumarse a los cuestionamientos políticos de Moyano.
La solicitada con que el moyanismo salió al cruce de los disidentes cuestionó duramente a sus opositores gremiales pero no al Gobierno. “Queremos dejar en claro que apoyamos el modelo que comenzó en mayo de 2003 y que transformó una penosa realidad en cambios de una enorme trascendencia, como la liberación del FMI, el no endeudamiento, la política de derechos humanos, la defensa del mercado interno, las paritarias, el salario mínimo vital y móvil, la nacionalización de empresas públicas, de los recursos provisionales (sic), la movilidad jubilatoria y un etc. importante.”
“Pero ello no significa –continúa la solicitada– que no reclamemos por lo que falta, por la profundización necesaria, por el diálogo, las explicaciones sobre la coyuntura y, si hay crisis, analizar cuál debe ser el aporte de cada uno de los sectores de nuestra sociedad”. Los términos más duros fueron para denostar a sus detractores: “En realidad, quienes son opositores (a Moyano) son los alcahuetes que en su obsecuencia, no le dicen a los gobernantes lo que realmente piensan”.
No pocos le adjudican su redacción al abogado cegetista y diputado oficialista Héctor Recalde, quien siguió de cerca la parte legal del congreso que consagró nuevamente a al camionero, pero no se quedó a escuchar el discurso con que Moyano volvió a enfrentase con el Gobierno.
Recalde divide aguas entre su fidelidad a Moyano y al “modelo” de gobierno. Prefirió no sumarse a la movilización del camionero a Plaza de Mayo para defender en la Cámara baja media docena de proyectos de reforma a las leyes laborales propias, acuñadas en la Comisión de Legislación del Trabajo que el kirchnerismo volvió a confiarle. Su hijo Mariano, militante de La Cámpora y presidente de Aerolíneas Argentinas, es blanco de las críticas de muchos gremialistas alineados con Moyano.
Algo parecido atraviesa Facundo Moyano. El también diputado del FpV confesó estar atrapado entre “dos lealtades”: con su padre y el proyecto kirchnerista. A Plaza de Mayo fue con carteles de su gremio de Peajes, que mostraban la figura de Néstor Kirchner. “No renuncio ni loco (al bloque del FpV) si no me echan”, respondió a Página/12 sobre su posible deserción a la bancada. Quienes lo conocen de cerca, afirman que no romperá con el kirchnerismo si no hay nada que “amenace” seriamente a su padre.
En cambio, el también diputado Omar Plaini asumió el rol de vocero de la centra del camionero. “Aquellos que dicen que el sindicalismo argentino debe ser un sindicalismo solamente de reivindicaciones, no conocen la historia o la están falseando: todos sabemos que la dirigencia peronista siempre ha participado políticamente”, aseguró el canillita.
Uno de los pocos convencidos de la necesidad de enfrentar políticamente al kirchnerismo es Gerónimo “Momo” Venegas. El jefe de los peones rurales, alineado con el duhaldismo, se entusiasmó cuando el camionero lo habilitó para hablar en Ferro: “Estamos preparados para la lucha”, soltó y sus escasos partidarios levantaron tímidamente el cartel partidario del “Movimiento de la Reconquista Peronista” en el congreso sindical.
La incursión política de Moyano todavía es incierta. Desde el sindicalismo antikirchnerista que conduce el gastronómico Luis Barrionuevo miran con cierto regocijo la encrucijada de Moyano y afirman que el camionero “ahora está bebiendo de su propia medicina”, en referencia a las descalificaciones que recibieron del propio Moyano por su alejamiento de la CGT alineada entonces con el Gobierno. Aunque pragmáticos y conocedores de las reacciones sindicales, afirman que el camionero poco podrá hacer si no aparece una alternativa política “viable” del peronismo disidente: “Todos te acompañan hasta la puerta del cementerio pero nadie entra con vos”, sentenciaron.